sábado, 19 de noviembre de 2016

El Puente Negro

Existían dos comunidades en la sierra, separadas por un puente negro, construido desde hacía ya mucho tiempo, era un lugar peligroso para cruzar, la vieja madera crujía a cada paso, y se le sentía ya un temblor inquietante, faltaba mucho tiempo para que el nuevo puente fuera terminado así que la gente se veía a obligada a seguir usando aquel vejestorio.
Cierto día Julián iba al pueblo vecino a visitar a su novia, a mitad del puente, una densa neblina bajó de improvisto, impidiéndole la visión mas allá de sus pies, con algo de desconfianza el joven se quedó parado, pues por mucho que haya pasado ya por ese lugar, temía dar un mal paso y caer hasta el rio.
No llevaba con él ninguna lámpara, y empezó a sentir cierta desesperación porque las manecillas del reloj avanzaban y la niebla no disminuía.
Se decidió entonces por caminar, tomando muy fuerte del barandal, avanzaba lentamente con un pie tras otro, apenas dados un par de pasos, escuchaba el crujir de la madera más fuerte que nunca, y el ruido no se iba cuando él se detenía, pensando que alguien venia también por el puente gritó:-¿Buenas noches, quien anda ahí?-, pero nadie le respondía. El puente se tambaleaba como si fuese a caer, así que el chico se aferró a uno de los postes más gruesos que encontró cerca. Caían escombros sobre su cabeza, y la madera se quebraba a su alrededor.
Abrazado aun de aquel poste, pudo divisar una luz a lo lejos, un calor intenso se acercaba con el avanzar del resplandor, el puente ardió en llamas, entre las cuales pudo ver que salía un caballo que solo una de sus patas superaba el tamaño del muchacho, detrás de él, vinieron tres más, guiados por un ser de túnica negra, que conducía una carreta de la cual salían tremendos gritos de horror, que le hicieron sangrar los oídos.
Cuando la carreta cruzó, la niebla le seguía, el puente estaba intacto, Julián seguía abrazado del poste, decenas de personas venían corriendo desde los dos pueblos, se había armado un gran alboroto, por el derrumbe de una mina.
Entre tantas personas, algunas intentaron llevarse al chico de ahí, pero no pudieron despegarlo de aquella enorme viga, se sujetaba con mucha fuerza. Pues aunque nadie lo notaba, el veía la carreta ir y venir toda la noche, transportando las almas de los que habían fallecido.

martes, 15 de noviembre de 2016

La mujer con la boca cortada

Originada en la mitología de Japón nació una leyenda llamada “Kuchisake-Onna” en español conocida como “La mujer con la boca cortada”. Se cuenta sobre una mujer que fue asesinada y desfigurada por su esposo, convirtiéndose en un Yokai (espíritu demoníaco) que regresó para vengarse.
Hace mucho tiempo había una preciosa mujer que se casó con un Samurái. A pesar de su matrimonio seguían siendo muchos los que la amaban y pretendían debido a su hermosura, lo cual hizo crecer su amor propio volviéndola vanidosa y despreocupada, pues cada vez que quería engañaba a su marido, volviéndolo ya una costumbre. El valiente guerrero Japonés al saber de las infidelidades de su esposa se vio sumido en un ataque de celos y furia, pensando en la deshonra causada por aquella mujer se abalanzándose sobre ella, le cortó la boca de un lado a otro mientras gritaba: – ¿Piensas que eres hermosa? ¿Quién va a pensar que eres hermosa ahora?-
Desde aquel preocupante día se ve vagar por las calles de Japón, una mujer con la cara tapada por una máscara como la que usan los cirujanos. Cuando se topa con alguien les pregunta sin descubrirse el rostro: – ¿Atashi kirei? (¿Soy hermosa?) –. La gente normalmente ve sus lindos ojos, y sus refinados rasgos y responden – Si –, sin hacer mucho caso a la máscara, pues en Japón su uso es muy frecuente para evitar enfermedades y no respirar el aire contaminado. Al obtener la respuesta antes mencionada, la mujer retira la máscara dejando al descubierto la horrible hendidura que se extiende de oreja a oreja con una escalofriante sonrisa. Y les pregunta de nuevo: – ¿Kore Demo? (¿Y ahora?) -. Todo aquel que se asusta, grita o muestra el miedo en su cara es atacado por el espíritu que con unas tijeras gigantes les corta la cabeza, ni que decir de los valientes que se atreven a responder – No –.
Sí la víctima responde de nuevo que sí solamente le cortará la boca de lado a lado para que sufra su misma suerte. Pareciera entonces que es imposible escapar de Kuchisake-Onna, puedes salir corriendo pero aparecerá frente a ti de nuevo, o estará esperándote tras la puerta de tu casa para asesinarte.
Por fortuna no todo está perdido, se dice que ante su interrogante puedes contestar con otra pregunta: – ¿Y yo? ¿Soy hermoso? – Eso confundirá al espíritu que se quedará pensativo dándote tiempo a escapar. También puedes llevar dulces contigo y se los ofreces antes de dejarla hablar, quedará contenta con el regalo y te permitirá marcharte.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Caminata en el callejón

Era ya demasiado tarde para que Lorena estuviera fuera de casa, pero eso no le importaba, prefería estar en la calle, que en su casa. Muchos familiares habían venido de visita desde lejos para pasar juntos los días de fiesta y el lugar de estar contenta se sentía estresada, pues los acomodaron en su cuarto, robándole la pizca de privacidad que con mucho esfuerzo consiguió, además su madre la comprometía a cada momento a cuidar a los mas pequeños, a ayudarle con la comida, y cantidad de cosas que solo le hacían pasar malos ratos.
Fue entonces que decidió salirse de casa, después de una discusión con su madre. Era la noche más fría de la semana, no había mucha gente en las calles, solo aquellos que utilizaban el frio como pretexto para estar alrededor de una fogata. Ella caminaba sin rumbo, a pesar de vivir en esa zona casi toda su vida, no conocía a nadie, era demasiado introvertida. Las horas pasaron y Lorena no se detenía, caminaba y caminaba sin dirección, adentrándose por calles y callejones desconocidos, sin ninguna emoción, probablemente muchas chicas de trece años como ella habrían sentido miedo de caminar por callejones oscuros y solitarios, siendo acompañada tan solo por el aullido de los perros en el fondo.
Rondaban las dos de la mañana, el frio le había endurecido los dedos, sentía calambres en las piernas, y la gruesa chamarra que llevaba encima no le era suficiente, era como si estuviera rodeada de hielo. El paisaje se tornaba tétrico, cuando se vio en un callejón con casas de madera y cartón, rodeado de grandes árboles con espeso follaje que no dejaban pasar ni la luz de la luna. No se podía ver ni un alma, en ese lugar ni si quiera los perros caminaban por las calles, parecía ser un lugar completamente abandonado, así que la chica esperaba salir pronto apresurando el paso.
Su apresurada caminata, después fue carrera, pero parecía que entre más corría, más largo se volvía el callejón, las hojas de los arboles sonaban como si un fuerte viento las alborotara, pero en realidad no soplaba. La baja temperatura le impedía seguir corriendo con tanta intensidad, en unos momentos estaba de nuevo caminando, con la sensación de sentirse observada, volteaba a su alrededor, hasta que un montón de hojas que caían de los arboles justo frente a sus ojos la hicieron voltear hacia arriba, la oscuridad no ayudaba para dar una imagen clara, pero sin duda ¡Algo se movía entre las ramas!, lo hacía tan rápido que unos segundos ya estaba posado en un árbol a poca distancia de la muchacha.
Lorena no lo había notado, hasta que estuvo demasiado cerca, un bulto negro se le fue encima desde una rama, en su vuelo, extendió los brazos, para que apreciara su figura, tenía una gran cabeza escondida bajo una capucha, con una túnica negra se cubría el cuerpo, del cual no se le podían ver pies ni manos, parecía solo un trapo flotando, pero al estar de frente a la chica, una horrenda cara semejando una lechuza se asomó entre las ropas, la pequeña se dio la vuelta para correr con todas sus fuerzas, pero no le fueron suficientes… la criatura de la túnica, la agarró por la espalda, subieron a los arboles y se perdieron en ellos…

viernes, 28 de octubre de 2016

Palacio de Lecumberri

El Palacio de Lecumberri, está ubicado a espaldas del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Creado por Porfirio Díaz como un infierno carcelario, para quienes no acataran la ley, su construcción inició el 9 de mayo de 1885, y fue inaugurado por él mismo el 29 de septiembre de 1900. En 1976 Luis Echeverría lo retiró del servicio de Penitenciaría de la Ciudad de México y en 1977 José López Portillo empezó su transformación a Archivo General de la Nación, inaugurado en 1982, y con el mismo uso hasta hoy en día.
Fue una cárcel que albergaría 740 reos, pero se salió de control y llegó a tener hasta 5 mil prisioneros. Más de 15 personas en celdas de menos de tres metros cuadrados dormían parados y amarrados a las paredes. Se dividía en diferentes crujías a las que eran enviados los presos de acuerdo al delito que habían cometido, presos políticos, presos peligrosos y la crujía ‘J’, lugar para los homosexuales, de ahí que de forma despectiva se les comenzara a llamar jotos. El área más temida por todos los presos era “El Apando”, celda de castigo, donde pasaban encerrados hasta semanas enteras, con un mínimo de alimento, sin luz, sin agua, sin ventilación y sin baño.
Por este lugar pasaron los cuerpos sin vida de Francisco I. Madero y de José María Pino Suarez, quienes fueron asesinados a espaldas de la cárcel en 1913. Hubo desde ladrones desconocidos hasta personajes de la talla de Pancho Villa, David Alfaro Siqueiros y Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel).
Las historias comenzaron cuando los mismos reos platicaban a su familia el “infierno” en que vivían, torturas, desapariciones, asesinatos; de ahí nace el apodo de negro, por toda la historia oscura que había en él. Esto no cesó cuando la cárcel cerró, pues la gente asegura que el sitio está lleno de almas en pena, que entre sus paredes aún se puede sentir ese aire de intranquilidad. Los vecinos cuentan que por la noche aquel palacio es como mirar una película de terror.
Son pocos quienes llevan trabajando en el lugar por más de 20 años, pero han declarado haber tenido encuentros paranormales. Cuando el edificio fue remodelado, se encontraron huesos humanos enterrados cerca de las salidas. Se menciona la aparición de un Charro Negro en el auditorio del Palacio. Se escuchan gritos, lamentos, ruidos extraños que tensan el silencio.
En cierta ocasión a un trabajador del lugar, se le acercó un hombre demacrado diciendo: -Otra vez no vino mi Amelia-, y cuando el trabajador se disponía a interrogarlo, el sujeto desapareció. El empleado, decidió investigar el hecho. Y se encontró que era Don Jacinto, un hombre que murió preso en Lecumberri en los años cuarenta.

lunes, 10 de octubre de 2016

el tren de las 22:45

Recibí una carta en donde se me informaba que a mi tía Agatha le quedaban muy pocos días de vida y que deseaba verme antes de morir. Mi tía nunca tuvo hijos, así que podríamos decir que me “adoptó como propio” ya que a lo largo de muchísimos años mi madre y yo vivimos en su casa.
No sé si fue mi conciencia o fue porque así me habían educado pero no quería que estuviera sola cuando tuviera su cita con la muerte. Hice todo lo que pude para dirigirme lo más rápido posible hasta donde se encontraba. En mi trabajo, no tuve mayor problema, ya que me debían varios días de vacaciones.
Lo difícil fue encontrar un medio de transporte que llegara hasta aquel sitio de forma rápida. Busqué todas las alternativas a mi alcance, ni autobuses, ni avión, etcétera.
Le comenté a mi amigo Manuel la situación y me dijo:
– ¿Por qué no te vas en tren?
– ¡En tren, si no estamos en el siglo XIX! Le contesté con un tono de fastidio.
– Jajaja, no seas tonto, yo he viajado por la ruta que necesitas y el ferrocarril viaja a una velocidad aproximada de 70 km/h. Así llegarías relativamente pronto. Sólo es cosa de buscar la guía de horarios -. Replicó mi amigo.
Llegamos a la estación y para variar no encontramos boletos. Ya nos íbamos cuando un hombre con un gorro de maquinista se me acercó y me susurró al oído:
– ¿Necesitas viajar, verdad? Sube a mi tren, vamos retrasados, saldremos en 20 minutos.
Sin pensarlo subí rápidamente y me senté en el primer asiento que estaba libre. La locomotora comenzó a hacer ruidos y nos empezamos a mover. En ese momento recordé que no había comprado boleto y me pareció justo avisárselo al maquinista. Fui hacia ella y observé con horror que todos los pasajeros eran fantasmas. Lo supe por qué en vez de ojos tenían únicamente las cuencas vacías.
Grite con todas mis fuerzas ¡por favor, déjenme bajar! Las puertas del vagón se abrieron y corrí hacia abajo. Cuál sería mi sorpresa al ver que estaba enfrente de la casa de mi tía. Unos segundos después tanto las vías como el tren maldito habían desaparecido.

lunes, 3 de octubre de 2016

En tu espalda

En Japón está socialmente aceptada la creencia en los fantasmas, en su cultura, estos son espíritus apartados de forma violenta de su vida pacífica o aquellos que no recibieron una ceremonia funeraria adecuada, también provienen de quienes cometieron seppuku o harakiri (suicidio).
Aunque en muchas culturas se tienen relatos, historias y leyendas que involucran eventos paranormales o seres de ultratumba, existen pocos en el mundo que tengan una relación tan directa en los asuntos de los vivos como los tienen los fantasmas japoneses, ya que estos van y vienen, interviniendo en la vida de las personas con mucha naturalidad, como nos cuenta la siguiente historia.
Comienza con un joven matrimonio y su pequeño hijo; los padres discutían muy a menudo, las peleas eran un evento casi diario y cada vez eran más duras.
Uno de esos días, en un ataque de rabia, el hombre mató a su esposa sin contemplación, después escondió el cadáver, son toda naturalidad y borró las huellas del crimen. No hubo sospecha alguna de lo ocurrido, sin embargo, el asesino si notaba algo raro, pues su hijo no echaba de menos a la madre, ni siquiera había mencionado su ausencia.
Así que tuvo que interrogarlo:
—Hijo, ¿Por qué no preguntas por tu madre? —dijo el hombre muy consternado—Todos los niños desean que su madre este con ellos, debes decirme si algo te preocupa.
—No papá, no pasa nada, estoy bien. Solo tengo curiosidad por saber porque mamá esta siempre trepada en tu espalda…

domingo, 2 de octubre de 2016

las puertas del infierno

Pasaban apenas las doce de la noche cuando un estruendo cimbró el lecho donde descansaban los cinco miembros de aquella familia, pero no se inmutaron, estaban muy acostumbrados a los desmanes del viento que noche tras noche azotaba su hogar, causando una ola de extraños e interminables sonidos.
No se movieron aun cuando puertas y ventanas comenzaron a golpearse fuertemente contra los muros, dando paso a un silbido frio que calaba hasta los huesos. Poco les inquietó también el crujir de paredes y techos, los cuales anunciaban un terrible acontecimiento, de tal magnitud, que hasta una construcción inanimada como una casa pudo sentirlo y empezó a temblar. Era el miedo en si inundando el ambiente…
El edificio trató de advertirles, despedía polvo y tronaba como si quisiera desprender sus cimientos e irse lejos. Pero, sus esfuerzos eran inútiles, la familia seguía durmiendo despreocupadamente, ignorando por completo el olor a azufre que emanaba de todos lados.
Minutos más tarde, por obra de aquello que está más allá de nuestro entendimiento, los chirridos de ciertos materiales al quemarse asemejaron quejidos, el lamento de aquella casa que se rehusaba a morir sin haber vivido.
Cuando los vecinos acudieron a prestar auxilio, era muy tarde, las llamas ardían con furia y todos lloraban con desesperación, ante aquellos terribles alaridos que transmitían la agonía de una terrible muerte llena de sufrimiento.
Según los testigos la tierra se abrió y la casa envuelta en fuego fue tragada mientras una figura con cuernos bailaba alegremente entre las llamas, así fue como aquella noche supieron y de la peor forma que vivían sobre las puertas del infierno y el mismo Diablo en persona se tomaba la molestia de abrirlas, para llevarse consigo a cinco buenas personas, mientras dormían.
Ahora cada vez que una casa cruje, rechina o se siente frio, saben que no es culpa del viento y tiemblan de miedo, pensando que pueden ser los siguientes en atravesar las puertas del infierno cuando el Diablo las abra de nuevo.

El Forastero y La Niña

Cuenta la leyenda corta mexicana que en un pequeño pueblo posado sobre una montaña de la sierra, se aparece una niña endemoniada todas las noches del 21 de febrero, quien camina sobre un sendero y luego desaparece extrañamente. La historia comienza en un poblado, el cual esta muy alejado de las carreteras y cada casa esta separada por lo menos 600 metros una de la otra, por lo que pueden ocurrir muchas cosas y nadie se puede enterar.
Un día, un forastero que pasaba por el paraje se hospedó en una de las pequeñas chozas del pueblo, con el fin de pasar unos días descansando y seguir con su camino.
Una noche, mientras el forastero estaba en su casa y a punto de dormir, insólitamente llega una niña y le toca la puerta, el se extrañó por que eran altas horas de la noche y aparte ninguna persona del pueblo lo visitaba, entonces para despejar dudas, se dirigió hacia la puerta y abrió.
Cual fue su sorpresa, que se encontró a un niña indefensa quien al parecer tenia signos de haber sufrido quemaduras, el forastero le pregunta, ¿Qué se te ofrece niña?, a lo que ella responde, ¿Me regalaría un vaso de agua?, el le responde, si, con todo gusto, se encamina a un recipiente con agua y vierte en un vaso el suficiente liquido para satisfacer a una persona. El forastero regresa a la puerta, le da el vaso con agua a la niña y ella se retira.
Pasaron 3 días seguidos en que la niña iba todas las noches a la pequeña choza del forastero a pedir un vaso con agua.
Sin embargo, el 4 día y con un poco de intriga de parte del hombre por saber el por qué la niña acudía a el, le pregunta, ¿Tienes papás?, ¿Quién es tu papa?, ¿Donde esta?, y la niña con una expresión malvada, exclamó con una fuerte voz ¡Mi papá es el diablo!.
Misteriosamente el forastero muere a los 2 días de haber tenido esa mala experiencia y desde ese entonces, cuenta la leyenda que todas las noches del 21 de febrero se aparece una niña por los alrededores del pueblo en busca de un poco de agua y de su siguiente victima.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Olvido

Abría los ojos ante una brumosa iluminación que inundaba sus pupilas, no recordaba nada, su cuerpo apenas respondía, ante el frio tan intenso que lo invadía; estaba completamente desnudo en una habitación de paredes blancas, o al menos, alguna vez lo fueron. No se veía alguna puerta, solo un gran espejo lleno de manchas de sangre y huellas de manos.
Aunque no sabía dónde estaba, reconocía el lugar, como si lo hubiese visto antes, aun así, las risas nerviosas se reflejaban en su boca; miraba hacia todos lados, buscando una salida, o algo con que cubrirse, pero el cuarto estaba vacío.
Como león enjaulado caminaba de aquí para allá, viendo una y otra vez esperando que mágicamente una salida se revelara ante él, pero nada de eso sucedía. Solo unos minutos bastaron para que la locura lo invadiera, y comenzara a interrogar a su propio reflejo.
Pero tanta era su perturbación, que no pudo darse cuenta que la persona del otro lado del espejo no era él, aunque también cargaba pesadez y confusión en su rostro. Su monologo frente al espejo, terminó con un sobresalto, debido a los terribles gritos y lamentos provenientes de afuera.
Después vinieron unos arañazos, y junto a ellos, las paredes se desgarraban como simples hojas de papel, dando paso a decenas de seres traslucidos y mutilados. Fue ahí, que la memoria le llegó de golpe, viendo aquellas obras de arte, las que el mismo creó con sus manos, las muecas de dolor que los espíritus cargaban consigo, fueron las mismas que aquel confundido hombre les provocó al arrancarles la vida.
Miró entonces alrededor con pasión, en ese cuarto dejaba que su arte fluyera, cada mancha de sangre, tenía su propia historia y las recordaba todas con placer. No le importaba entonces, estar siendo objeto de su última obra, dejó que los espíritus vengativos lo hicieran flotar por la habitación, lo estrellaran contra los muros, y se pelearan por sus miembros.
Ni el mismo pudo planear un final mejor para sí mismo. Todas esas personas que asesinó, habían vuelto de la muerte para hacerle lo mismo, pero tales actos, solo les valieron para negarles el descanso eterno, y hoy se encuentran todos juntos vagando, repitiendo la historia con cualquier desventurado que se cruce en su camino.

La sonrisa de Cristina

La noche se tornaba sombría; la escasa iluminación de las calles era absorbida por la oscuridad, llenando todo de penumbras, que solo se acompañan por el sonido de la lluvia golpeando el asfalto. Las personas se habían guardado en sus casas, solo quedaron aquellos que caminaban por necesidad.
Entre ellos Romina, una chica de humilde procedencia, que no ajustó ese día para el transporte que la llevara de la universidad a su casa. Era algo común para ella, muchas veces había recorrido ese camino en las mismas condiciones, pero eso no evitaba que se le crisparan un poco los nervios.
A pesar de que el frio obligaba a todos a esconder su rostro bajo sombreros, bufandas o abrigos, causando cierta desconfianza al cruzarse unos con otros, Romina estaba consciente de que lucía igual de sospechosa que ellos, y se movía con cautela para no causarle un susto a alguien.
A pocas calles de su casa, sintió alivio, ya estaba en sus terrenos y eso le daba seguridad, sin embargo, al doblar la esquina, distinguió a una oscura silueta caminando por la misma acera y en dirección a ella. Conforme ambos avanzaban, le inquietaba un poco no poder distinguir sus ropas, ni el sonido de sus pisadas, era tan solo una sombra que hacia tintinear las luces por donde pasaba.
Con un poco de precaución Romina se fue a la otra acera, apurando el paso, volteando para todos lados, y la sombra no estaba más… no estaba más en la lejanía, se había posado frente a ella, sujetándola fuerte del cuello. Robándole la vida y arrastrándola a lo más profundo del sufrimiento eterno.
Al mismo tiempo, Cristina, su amiga de toda la vida, estaba sentada en medio de un pentagrama dibujado con sangre, le pedía al maligno que se llevara a Romina y la mantuviera cautiva en el infierno, pues sentía mucha envidia de ella, y no quería verla más en este mundo.
Los días pasaron, Romina seguía desaparecida ante la consternación de todos sus allegados, excepto de Cristina, que ocultaba su sonrisa, pues estaba contenta de que sus ruegos fueron escuchados.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Camino peligroso

Por más que me negué a presentarme en la tercera boda de la tía Edith, al final, no tuve más que aceptar. El tiempo no me ajustaba para llegar después de salir del trabajo, así que tomé el camino más rápido, aunque este fuese también el más peligroso.
La carretera estaba desierta, solo alguien medio loco transitaría en ese terreno montañoso por la noche en plena tormenta de nieve. Cada vez que pasada por un pueblito, pensaba en quedarme y no asistir al fastidioso evento, pero entonces tendría que pasar la vida con los reclamos diarios de mi madre y eso me atemorizaba más que patinar el coche en el asfalto.
Faltaban tan solo unos cuarenta y cinco minutos para llegar, cuando mi coche se detuvo así nada más, dejándome tirado en medio de la nada, tome el móvil para pedir que alguien viniera a recogerme, pero estaba sin cobertura. Sentí un poco de alivio, finalmente me había librado del compromiso, y no fue mi culpa, no podrían argumentar que no lo intenté.
En unos segundos, los cristales se empañaron, el frio era tremendo, pero tenía que bajar a empujar el auto fuera del camino; fue entonces que me di cuenta que estaba en medio de un poblado, el cual no noté debido a su nula iluminación. Entonces después de mover el coche, me di a la tarea de buscar un refugio mejor.
En ninguna de las puertas a las que llamé hubo respuesta; empezaba a helarme la sangre, así que me di la vuelta para regresar al auto, y entonces la vi. Ella estaba parada junto a mi coche, inmóvil, observándome fijamente; llevaba un camisón blanco, y estaba descalza sobre la fría nieve. No atendía a mis saludos, así que supuse que algo le había pasado y caminé rápidamente para ayudarla.
Al acercarme, empecé a distinguirla mejor, su ropa estaba sucia, su cabellera desarreglada y sus ojos no estaban, solo unas enormes, oscuras y vacías cuencas que me fueron la razón suficiente para huir de ahí, sin embargo, mi cuerpo no estaba de acuerdo, pues no quiso responder a mis impulsos, dejándome clavado en la nieve como una simple estaca, mientras ellas se acercaba a mí, alzando sus brazos, gritando y chillando como animal herido de muerte. Creí que ahí terminaban mis días, sus manos más frías que la nieve, presionaban mi cuello con fuerza sobrehumana, apenas podía distinguirla frente a mí, estaba a punto de perder la conciencia, pero una fuerte luz brilló de pronto, quitando los nubarrones de mis ojos.
Cuando al fin pude ver con claridad, esa horrible mujer se había esfumado, y detrás de la cegadora luz venia un anciano, reprendiéndome por transitar en tales condiciones por caminos encantados. Y yo que pensaba que la gente lo evitaba tan solo por las peligrosas curvas y barrancos.

martes, 30 de agosto de 2016

Salir en la oscuridad

Bogdan era el nombre de un individuo que había venido a vivir desde el continente europeo hasta Sudamérica. Se decía que poseía una gran fortuna, debido a que mandó construir un castillo en medio de la nada.
Su fortaleza estaba rodeada por vallas de troncos y piedras. Sólo algunos de los lugareños pudieron verle el rostro, ya que él acostumbraba salir a altas horas de la noche y además cubierto con una máscara.
Los cuentos de terror sobre su persona, se propagaron como la pólvora por todos los alrededores. Había quienes afirmaban que su rostro estaba completamente desfigurado a causa de una grave enfermedad, había otros que decían que le faltaban partes de la cara (por ejemplo, una oreja, un ojo etc.
Esos rumores continuaron sin que las autoridades les prestaran la atención debida, hasta que los animales del pueblo (particularmente las ovejas y las cabras) empezaron a desaparecer de las granjas cercanas.
Los pastores y capataces de las haciendas se pusieron a vigilar para ver quién era el que les estaba robando su ganado. Más se dieron cuenta de que sucedía algo extraño, los animales salían en tropel siguiendo una línea recta perfecta que se enfilaba hacia el castillo de Bogdan.
Al llegar ahí, éste ya los estaba esperando en la puerta. Aquellos hombres que llegaron a observar este hecho más de cerca, afirman que Bogdan estaba vestido de negro, con una capa que le llegaba hasta los pies.
Sin embargo, eso no era lo que provocaba terror, sino que de su boca salían dos prominentes colmillos. Aquella escena pronto se transformó en un festín sangriento, ya que el vampiro se abalanzó sobre las ovejas clavando sus incisivos en su cuello, hasta dejarlas secas por dentro.
Los campesinos que ya anteriormente habían lidiado con otros vampiros, le dispararon con escopetas cargadas de balas de plata, lo que hizo que Bogdan se desplomara perdiendo la vida. Además, dejaron su cadáver a la intemperie, para que el sol terminara de desintegrarlo.