viernes, 28 de octubre de 2016

Palacio de Lecumberri

El Palacio de Lecumberri, está ubicado a espaldas del Palacio Legislativo de San Lázaro, en la Ciudad de México. Creado por Porfirio Díaz como un infierno carcelario, para quienes no acataran la ley, su construcción inició el 9 de mayo de 1885, y fue inaugurado por él mismo el 29 de septiembre de 1900. En 1976 Luis Echeverría lo retiró del servicio de Penitenciaría de la Ciudad de México y en 1977 José López Portillo empezó su transformación a Archivo General de la Nación, inaugurado en 1982, y con el mismo uso hasta hoy en día.
Fue una cárcel que albergaría 740 reos, pero se salió de control y llegó a tener hasta 5 mil prisioneros. Más de 15 personas en celdas de menos de tres metros cuadrados dormían parados y amarrados a las paredes. Se dividía en diferentes crujías a las que eran enviados los presos de acuerdo al delito que habían cometido, presos políticos, presos peligrosos y la crujía ‘J’, lugar para los homosexuales, de ahí que de forma despectiva se les comenzara a llamar jotos. El área más temida por todos los presos era “El Apando”, celda de castigo, donde pasaban encerrados hasta semanas enteras, con un mínimo de alimento, sin luz, sin agua, sin ventilación y sin baño.
Por este lugar pasaron los cuerpos sin vida de Francisco I. Madero y de José María Pino Suarez, quienes fueron asesinados a espaldas de la cárcel en 1913. Hubo desde ladrones desconocidos hasta personajes de la talla de Pancho Villa, David Alfaro Siqueiros y Alberto Aguilera Valadez (Juan Gabriel).
Las historias comenzaron cuando los mismos reos platicaban a su familia el “infierno” en que vivían, torturas, desapariciones, asesinatos; de ahí nace el apodo de negro, por toda la historia oscura que había en él. Esto no cesó cuando la cárcel cerró, pues la gente asegura que el sitio está lleno de almas en pena, que entre sus paredes aún se puede sentir ese aire de intranquilidad. Los vecinos cuentan que por la noche aquel palacio es como mirar una película de terror.
Son pocos quienes llevan trabajando en el lugar por más de 20 años, pero han declarado haber tenido encuentros paranormales. Cuando el edificio fue remodelado, se encontraron huesos humanos enterrados cerca de las salidas. Se menciona la aparición de un Charro Negro en el auditorio del Palacio. Se escuchan gritos, lamentos, ruidos extraños que tensan el silencio.
En cierta ocasión a un trabajador del lugar, se le acercó un hombre demacrado diciendo: -Otra vez no vino mi Amelia-, y cuando el trabajador se disponía a interrogarlo, el sujeto desapareció. El empleado, decidió investigar el hecho. Y se encontró que era Don Jacinto, un hombre que murió preso en Lecumberri en los años cuarenta.

lunes, 10 de octubre de 2016

el tren de las 22:45

Recibí una carta en donde se me informaba que a mi tía Agatha le quedaban muy pocos días de vida y que deseaba verme antes de morir. Mi tía nunca tuvo hijos, así que podríamos decir que me “adoptó como propio” ya que a lo largo de muchísimos años mi madre y yo vivimos en su casa.
No sé si fue mi conciencia o fue porque así me habían educado pero no quería que estuviera sola cuando tuviera su cita con la muerte. Hice todo lo que pude para dirigirme lo más rápido posible hasta donde se encontraba. En mi trabajo, no tuve mayor problema, ya que me debían varios días de vacaciones.
Lo difícil fue encontrar un medio de transporte que llegara hasta aquel sitio de forma rápida. Busqué todas las alternativas a mi alcance, ni autobuses, ni avión, etcétera.
Le comenté a mi amigo Manuel la situación y me dijo:
– ¿Por qué no te vas en tren?
– ¡En tren, si no estamos en el siglo XIX! Le contesté con un tono de fastidio.
– Jajaja, no seas tonto, yo he viajado por la ruta que necesitas y el ferrocarril viaja a una velocidad aproximada de 70 km/h. Así llegarías relativamente pronto. Sólo es cosa de buscar la guía de horarios -. Replicó mi amigo.
Llegamos a la estación y para variar no encontramos boletos. Ya nos íbamos cuando un hombre con un gorro de maquinista se me acercó y me susurró al oído:
– ¿Necesitas viajar, verdad? Sube a mi tren, vamos retrasados, saldremos en 20 minutos.
Sin pensarlo subí rápidamente y me senté en el primer asiento que estaba libre. La locomotora comenzó a hacer ruidos y nos empezamos a mover. En ese momento recordé que no había comprado boleto y me pareció justo avisárselo al maquinista. Fui hacia ella y observé con horror que todos los pasajeros eran fantasmas. Lo supe por qué en vez de ojos tenían únicamente las cuencas vacías.
Grite con todas mis fuerzas ¡por favor, déjenme bajar! Las puertas del vagón se abrieron y corrí hacia abajo. Cuál sería mi sorpresa al ver que estaba enfrente de la casa de mi tía. Unos segundos después tanto las vías como el tren maldito habían desaparecido.

lunes, 3 de octubre de 2016

En tu espalda

En Japón está socialmente aceptada la creencia en los fantasmas, en su cultura, estos son espíritus apartados de forma violenta de su vida pacífica o aquellos que no recibieron una ceremonia funeraria adecuada, también provienen de quienes cometieron seppuku o harakiri (suicidio).
Aunque en muchas culturas se tienen relatos, historias y leyendas que involucran eventos paranormales o seres de ultratumba, existen pocos en el mundo que tengan una relación tan directa en los asuntos de los vivos como los tienen los fantasmas japoneses, ya que estos van y vienen, interviniendo en la vida de las personas con mucha naturalidad, como nos cuenta la siguiente historia.
Comienza con un joven matrimonio y su pequeño hijo; los padres discutían muy a menudo, las peleas eran un evento casi diario y cada vez eran más duras.
Uno de esos días, en un ataque de rabia, el hombre mató a su esposa sin contemplación, después escondió el cadáver, son toda naturalidad y borró las huellas del crimen. No hubo sospecha alguna de lo ocurrido, sin embargo, el asesino si notaba algo raro, pues su hijo no echaba de menos a la madre, ni siquiera había mencionado su ausencia.
Así que tuvo que interrogarlo:
—Hijo, ¿Por qué no preguntas por tu madre? —dijo el hombre muy consternado—Todos los niños desean que su madre este con ellos, debes decirme si algo te preocupa.
—No papá, no pasa nada, estoy bien. Solo tengo curiosidad por saber porque mamá esta siempre trepada en tu espalda…

domingo, 2 de octubre de 2016

las puertas del infierno

Pasaban apenas las doce de la noche cuando un estruendo cimbró el lecho donde descansaban los cinco miembros de aquella familia, pero no se inmutaron, estaban muy acostumbrados a los desmanes del viento que noche tras noche azotaba su hogar, causando una ola de extraños e interminables sonidos.
No se movieron aun cuando puertas y ventanas comenzaron a golpearse fuertemente contra los muros, dando paso a un silbido frio que calaba hasta los huesos. Poco les inquietó también el crujir de paredes y techos, los cuales anunciaban un terrible acontecimiento, de tal magnitud, que hasta una construcción inanimada como una casa pudo sentirlo y empezó a temblar. Era el miedo en si inundando el ambiente…
El edificio trató de advertirles, despedía polvo y tronaba como si quisiera desprender sus cimientos e irse lejos. Pero, sus esfuerzos eran inútiles, la familia seguía durmiendo despreocupadamente, ignorando por completo el olor a azufre que emanaba de todos lados.
Minutos más tarde, por obra de aquello que está más allá de nuestro entendimiento, los chirridos de ciertos materiales al quemarse asemejaron quejidos, el lamento de aquella casa que se rehusaba a morir sin haber vivido.
Cuando los vecinos acudieron a prestar auxilio, era muy tarde, las llamas ardían con furia y todos lloraban con desesperación, ante aquellos terribles alaridos que transmitían la agonía de una terrible muerte llena de sufrimiento.
Según los testigos la tierra se abrió y la casa envuelta en fuego fue tragada mientras una figura con cuernos bailaba alegremente entre las llamas, así fue como aquella noche supieron y de la peor forma que vivían sobre las puertas del infierno y el mismo Diablo en persona se tomaba la molestia de abrirlas, para llevarse consigo a cinco buenas personas, mientras dormían.
Ahora cada vez que una casa cruje, rechina o se siente frio, saben que no es culpa del viento y tiemblan de miedo, pensando que pueden ser los siguientes en atravesar las puertas del infierno cuando el Diablo las abra de nuevo.

El Forastero y La Niña

Cuenta la leyenda corta mexicana que en un pequeño pueblo posado sobre una montaña de la sierra, se aparece una niña endemoniada todas las noches del 21 de febrero, quien camina sobre un sendero y luego desaparece extrañamente. La historia comienza en un poblado, el cual esta muy alejado de las carreteras y cada casa esta separada por lo menos 600 metros una de la otra, por lo que pueden ocurrir muchas cosas y nadie se puede enterar.
Un día, un forastero que pasaba por el paraje se hospedó en una de las pequeñas chozas del pueblo, con el fin de pasar unos días descansando y seguir con su camino.
Una noche, mientras el forastero estaba en su casa y a punto de dormir, insólitamente llega una niña y le toca la puerta, el se extrañó por que eran altas horas de la noche y aparte ninguna persona del pueblo lo visitaba, entonces para despejar dudas, se dirigió hacia la puerta y abrió.
Cual fue su sorpresa, que se encontró a un niña indefensa quien al parecer tenia signos de haber sufrido quemaduras, el forastero le pregunta, ¿Qué se te ofrece niña?, a lo que ella responde, ¿Me regalaría un vaso de agua?, el le responde, si, con todo gusto, se encamina a un recipiente con agua y vierte en un vaso el suficiente liquido para satisfacer a una persona. El forastero regresa a la puerta, le da el vaso con agua a la niña y ella se retira.
Pasaron 3 días seguidos en que la niña iba todas las noches a la pequeña choza del forastero a pedir un vaso con agua.
Sin embargo, el 4 día y con un poco de intriga de parte del hombre por saber el por qué la niña acudía a el, le pregunta, ¿Tienes papás?, ¿Quién es tu papa?, ¿Donde esta?, y la niña con una expresión malvada, exclamó con una fuerte voz ¡Mi papá es el diablo!.
Misteriosamente el forastero muere a los 2 días de haber tenido esa mala experiencia y desde ese entonces, cuenta la leyenda que todas las noches del 21 de febrero se aparece una niña por los alrededores del pueblo en busca de un poco de agua y de su siguiente victima.